Hasta los 14 años odié mi idioma, a quién se le ocurre inventar tantas cosas para comunicarse. Tildes, comas, puntos, acento, coherencia, cohesión… y para colmo. Yo una simple estudiante debía saberlos de memoria o tendría serios problemas con mi maestra de castellano.
Ese cuento de las tildes me estuvo causando dolores de cabeza durante toda mi primaria y se extendió hasta séptimo grado, cuando hallé la solución definitiva —eso creí— a todos mis problemas de ortografía: las mayúsculas.
Y entonces perfeccioné mi estilo haciendo un hermoso juego de palabras mayúsculas. Claro, si no sabía cuándo y dónde poner la tilde lo mejor era deshacerme de esa molesta comilla torcida, mejor que falte y no que sobre, rezaría el refrán a mi manera.
Mi felicidad no duró mucho, pues ya tomaba fuerza la norma de la RAE “no importa que vaya en mayúsculas o no, las tildes se colocan y punto”. Volví a escribir en minúsculas y volví a tener horrible ortografía.
Sí, cómo no. Tuve que aprenderme las reglitas de las que había huido desde que supe que existían. La primera que recordé fue una que aprendí cuando estaba en 3º de primaria:
“se tildan las palabras terminadas en ≈ion”
Por supuesto la tilde iba en la “o”, así queda:
Televisión
Terminación
…
Y hasta Zión, el pueblo del que habla la canción anglo ‘By the river of Babilon’
¿Sí ven cómo no miento cuando digo que el inglés se filtra por todos los lugares?
Estaba hablando de las tildes. También me adentré en el oscuro mundo de las palabras agudas, graves, esdrújulas y sobreesdrújulas.
¿Cómo era?
Llevan tilde las palabras agudas que terminan en una consonante No S o en vocal. A ver, antes de poner la comilla torcida, cómo saber cuáles son agudas…
Claro, antes de eso debía abrir una puertecita mucho más problemática: el acento.
El acento, diría mi maestro de primaria, es aquella fuerza de voz que se le pone a una sílaba…
… A Q U E L L A F U E R Z A D E V O Z…
Algún libro diría que es un rasgo prosódico que hace destacar una silaba de las demás que componen la palabra. Hablando en otros términos, el acento es ese carisma que posee una silaba y que la pone siempre por encima de las otras.
Muy bien, y solucionado el problema del carisma, digo, del acento, volvamos a las palabritas éstas.
Las palabras agudas son aquellas que llevan el acento en la última sílaba. ¿saben hacer la descomposición de las palabras?
Probemos una fácil: generalidad
Descompuesta en sílabas queda así: ge-ne-ra-li-dad
Diríamos, pues que es una palabra polisílaba (porque tienen más de dos silabas) y aguda porque el “carisma” lo tiene en la última sílaba: ≈dad.
Ahora, ¿por qué la tilde no va en la sílaba si ahí está la mayor fuerza de voz?
Volvamos a la reglita: “llevan tilde las palabras agudas que terminan en vocal o en consonante N o S”
¿Y en qué termina generalidad? Claro, en d. por eso no se tilda.
Ahora, otras palabras agudas como camión, café, limón… etc. sí llevan tilde, pues cuentan con los requisitos para tenerla. Son merecedoras, pues, de la corona y por ello lucen flamantes el símbolo de su honor, aunque torcida, que le causa dolores de cabeza bien fuerte a muchos.
Y entonces, como estas cosas son para no olvidarlas, practiquemos encontrando en el siguiente listado, las palabras agudas y poniéndoles las tildes si las necesitan.
Más tarde volvemos con las palabras graves.